En los últimos años, gran parte del debate universitario se centró
en las discusiones por la legalidad o no de los exámenes de
admisibilidad obligatorios, debido a las grandes falencias que
arrastran los ingresantes desde el secundario.
Pero un tema del que poco y nada se habla en los claustros es sobre
el fenómeno de los llamados “alumnos crónicos”. Concretamente, se
calcula que en la Universidad Nacional de La Plata sólo uno de cada
cuatro ingresantes logra terminar la carrera en tiempo y forma. Así es
como se dan varios casos de alumnos que están durante décadas en las
cursadas, sin poder recibirse. Y esto no es gratuito: la universidad
pública es sostenida por los impuestos que pagan los argentinos.
Por caso, en Medicina, donde en los últimos 17 años rigió un examen
de ingreso restrictivo, los alumnos crónicos siempre han sido un tema
de preocupación. Según reconocieron las autoridades de esa unidad
académica, ante una consulta de Hoy, en esa facultad hay alumnos
cursantes que están desde los años 1960 y 1970. Son personas que en
algún momento tal vez han dejado y actualmente quieren seguir con la
carrera.
“Hay alumnos que nos piden reinserción y cursaron materias que hoy
hablan del genoma, del sida o de otras temáticas más actuales. Y han
dado esas materias hace 40 años. Hay que tener en cuenta que la
medicina evoluciona muy rápidamente”, expresó el vicedecano Enrique
Pérez Albizú.
Para el profesor, no sólo está el problema de los nuevos contenidos
que no han visto esos alumnos, sino también “el olvido” después de
tanto tiempo. “Tenemos reclamos de reinserción de alumnos del ‘60 y el
‘70 -antes de que yo fuera médico- que están dando vueltas y quieren
volver. Está bien que el Estatuto los ampare, pero para el bien de la
salud de la población deben demostrar que están actualizados”.
Cabe recordar que, al reformarse en 2008 el estatuto de la UNLP,
Medicina debió eliminar la figura de “alumno cancelado”, con lo cual
tuvo que readmitir alumnos que desde hace 10 años o más están en la
facultad sin rendir exámenes.
“Para nosotros son crónicos. De no haber sido por el cambio
estatutario, esa gente no estaría en la facultad. Ahora vuelve y no
sabemos por cuánto tiempo, dónde va a estar y qué va a hacer; porque la
defensa que tuvo Medicina fue poner condiciones para que ese alumno
readmitido obligatoriamente tenga un rendimiento académico y pueda
progresar”, explicó el decano de esa institución, Jorge Martínez. Como
una forma de resolver esa problemática, la comisión de Enseñanza de esa
facultad lo que resolvió fue que, para aquel alumno que tiene más de
cinco años en esa condición, le fijó las condiciones de reinserción.
“La persona reingresa, tiene la materia aprobada, pero para dar la
correlativa tiene que demostrar conocimientos actualizados en esas
áreas”, indicó el decano.
Ingeniería es otra de las facultades de la UNLP donde el fenómeno de
los “crónicos” tampoco pasa desapercibido. El vicedecano de esa unidad
académica, Marcos Actis, mencionó que días atrás se recibió un
estudiante que ingresó en la década del ‘70.
Son alumnos que pasan las generaciones y se los sigue viendo en las
aulas. “Algunos han tardado veinte años en recibirse”, admitió el
profesor.
Respecto a las razones del atraso, Actis señaló que es por distintos
motivos. Algunos porque se casan, otros por trabajo. La cuestión es que
alargan la carrera. No obstante, indicó que en Ingeniería se exigen
cursadas y prácticas, por lo cual, los alumnos que no son activos no
pueden seguir. “Acá tenés que venir y cursar. Aprobar y seguir
adelante”, dijo.
Un dato para reflexionar es el siguiente: según el decano Martínez,
en la Universidad entran 24 mil alumnos en primer año, en segundo año
hay 15 mil, a mitad de la carrera 9 mil, y se reciben 4 mil por año.
“Es alrededor del 20 por ciento el que se gradúa. ¿Quién paga el 80 por
ciento restante?”, concluyó.
Ingeniería: 8 años para recibirse
En la Facultad de Ingeniería de la UNLP, según datos relevados que
abarcan el período 2005-2009, los alumnos tardan en promedio en
recibirse unos ocho años, cuando las carreras tienen una duración de
cinco. De acuerdo a estas estadísticas, la deserción más grande se ve
en los dos primeros años.
“Cuando superan segundo año es muy raro que no avancen en la
carrera. Las materias básicas son las que más cuestan”, explicó el
vicedecano Marcos Actis.
En esa facultad hay alrededor de 4.800 alumnos en actividad y por año egresan entre 250 y 300.