Aunque cualquier homenaje resulte chico frente la magnitud de su
obra, el Padre de la Patria ha sido honrado de diferentes maneras a lo
largo de nuestra historia. Quizá la más palpable sea la que se concreta
a través de la imposición de su nombre, de hecho existen varios clubes
que se llaman San Martín, infinidad de escuelas que también se
denominan así, e innumerables calles, plazas y paseos públicos que
fueron bautizados en honor a su memoria. Es más, hasta existe un
partido bonaerense que se llama como él, pero el prócer ha perdido la
biblioteca que se le había consagrado en nuestra ciudad.
“Siempre vamos a recordar que se llamó San Martín, pero la verdad es
que no esperamos una vuelta atrás”, lamentó el coronel retirado Raúl
Muñoz, presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de La Plata,
e ironizó: “Somos gente grande, no podemos hacer un piquete”.
La polémica gira en torno a la Biblioteca Central de la provincia de
Buenos Aires (47 esquina 5) que a principios de julio pasó a llamarse
Ernesto Sábato, en reconocimiento al destacado escritor y padre de El
Túnel, que supo pasar por las aulas del Colegio Nacional de la UNLP.
En aquel acto estuvo el gobernador Daniel Scioli, quien resumió:
“Para nosotros es un gran honor y orgullo que un patriota, un genio
intelectual, un académico, pueda llevar su nombre en nuestra
biblioteca”.
“Nadie discute las virtudes de Sábato”, dijo Muñoz, en todo caso lo
difícil de comprender es “cómo un gobierno peronista cambió el nombre
que le había impuesto otro gobierno del mismo partido”. Corresponde
recordar aquí que la sala fue fundada en 1950 -por el gobernador
Domingo Mercante- al cumplirse el centenario de la muerte del General
Don José de San Martín.
A raíz de este episodio, los sanmartinianos enviaron una nota al
presidente del Instituto Cultural, Juan Carlos D’Amico, pero les quedó
bien en claro que ya no habrá marcha atrás. “En todo caso, podrían
ponerle General San Martín a ese organismo”, sugirió el coronel
retirado, y aunque por respeto no lo diga, también está claro que si el
gobierno quería homenajear al autor de Sobre héroes y tumbas podría
haber fundado otra biblioteca.
La historia
La Asociación Sanmartiniana fue creada en 1970, pero reconoce sus
orígenes en el Instituto de estudiantes secundarios sanmartinianos, que
comenzó a reunirse en 1936 con jóvenes alumnos del Colegio Nacional.
Los chicos fueron creciendo y definiendo su ideología: se hicieron
peronistas y sufrieron los azotes de la mal llamada revolución
libertadora que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón. “El grupo
-rememoró Muñoz- se disolvió en 1956”, pero sin dudas dejó su legado.
“Era realmente importante, tanto que tenían de socios al gobernador,
a los ministros, al comandante de la Segunda división, al obispo y a
varios de los rectores” de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Hoy la asociación es más pequeña y sólo agrupa a una decena de
directivos -la gran mayoría civiles- que protagonizan una intensa
batalla para mantener vivo el espíritu sanmartiniano.
Es por eso que hoy, al conmemorarse un nuevo aniversario del
fallecimiento del Libertador, realizarán un acto en la plaza que lleva
su nombre. La cita es a las 11 y no creen que asista Scioli, “porque
los gobernadores nunca concurren a estos actos”.
El espíritu
“¿Usted me preguntaba si está vivo el espíritu sanmartiniano?”,
repreguntó Muñoz y él mismo se respondió: “Vea una cosa, se corrió el
feriado para aprovecharlo como un fin de semana largo, ¿le parece?”.
Pero ellos siguen adelante y no se dan por vencidos. Ahora
financiaron un busto que será emplazado en el Regimiento 7 de
Infantería: “Es de cemento, porque no nos alcanzó para el bronce, pero
al menos estará presente en Arana”.
Esta unidad acompañó al entonces Coronel D. José de San Martín en la
expedición auxiliadora al Alto Perú, y escribió una de las páginas más
brillantes de nuestra historia al integrar el Ejército Libertador, como
Batallón 7 de Los Andes al mando del teniente coronel Pedro Conde.
En su museo atesora el Pectoral de Monseñor Terrero, confeccionado
con piedras preciosas y que fue obsequiado al Libertador por la legión
militar de Chile.
La biblioteca, en tanto, cuenta con 67.500 ejemplares, 550 videos y
5.000 diapositivas, pero ya no lleva el nombre del gran argentino que
inspiró a sus creadores.